aumenta defensas bio-defense

El sistema inmunológico, nuestro protector principal

La defensa natural del cuerpo humano

Glóbulos blancos combatiendo una infección.
Glóbulos blancos combatiendo una infección.

En Directo a lo natural siempre buscamos compartir los mejores recursos que nos da la naturaleza para cuidar de nuestro bienestar. Todas esas técnicas y productos tienen un denominador común: la capacidad propia del cuerpo humano para defenderse. En esa defensa natural tiene un papel fundamental el sistema inmunológico

¿Cómo actúa el sistema inmunológico?

El sistema inmunológico, o sistema inmunitario, es el conjunto de órganos, tejidos y células que protegen al cuerpo humano de la infección de patógenos externos o incluso de agresiones internas (como las generadas por las células cancerígenas). Este conjunto de elementos internos de nuestro organismo es el responsable de enviar una respuesta organizada frente a la invasión de antígenos externos, sean virus, bacterias u otro tipo de microorganismos.

Los principales órganos del sistema inmunológico, llamados órganos linfáticos, son el timo, el bazo y la médula ósea, los cuales se encargan de producir y almacenar los glóbulos blancos. Estas células, también conocidas como leucocitos, tienen la misión de encontrar y destruir a los gérmenes que ocasionan enfermedades en nuestro cuerpo.

Los glóbulos blancos no solo se almacenan en los órganos linfáticos, también se recogen en diferentes masas de tejido linfático conocidas como ganglios, que se distribuyen por todo el organismo. Cuando los glóbulos blancos salen desde los ganglios hacia la zona infectada mediante el torrente sanguíneo y linfático, se produce una inflamación, fruto de la acumulación de estas células. Una vez que los antígenos han sido destruidos por los leucocitos, la inflamación comienza a rebajarse.

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    Inmunidad innata e inmunidad adquirida

    Dentro del funcionamiento del sistema inmunológico humano es importante diferenciar dos tipos de actuación, como establecen en el Rady Children’s Hospital-San Diego.

    Una mano frente a distintos tipos de antígenos

    La primera de ellas es la inmunidad innata, que constituye la principal línea de defensa, compuesta por la piel, las superficies mucosas y los fagocitos. Cuando los gérmenes consiguen traspasar la piel y las membranas mucosas, los fagocitos (existen muchos tipos en función del antígeno al que se enfrentan) son los encargados de enfrentarse a los microorganismos invasores y destruirlos.

    Sin embargo, la particularidad del sistema inmunológico de las personas (y de los animales vertebrados) reside en la inmunidad adquirida. Este tipo de inmunidad, como dice su nombre, se adquiere a lo largo de la vida del individuo. A medida que nuestro organismo se enfrenta a distintos antígenos, este es capaz de producir unos anticuerpos específicos para atrapar a cada uno de ellos.

    Los encargados de producir esos anticuerpos son los linfocitos B, que son un tipo de leucocito cuya misión es localizar las amenazas y crear un equipo de defensa frente a ellas. Una vez que se crea un tipo de anticuerpo, este permanece en el organismo para que la próxima vez que ataque el mismo antígeno la respuesta sea inmediata y eficaz. Esta capacidad recibe el nombre de memoria inmunitaria.

    A la función de reconocimiento de los linfocitos B hay que añadir la eliminación de los antígenos por parte de los linfocitos T, quienes destruyen a los invasores atrapados por los anticuerpos y también dirigen la defensa ejercida por los fagocitos.

    Los beneficios de un sistema inmunológico equilibrado

    Linfocitos T del sistema inmunológico
    Linfocitos T del sistema inmunológico

    Una vez explicado cómo actúa el sistema inmunitario es más fácil entender la importancia de su correcto funcionamiento. Un sistema inmunológico equilibrado es capaz de evitar enfermedades infecciosas, desde un simple resfriado hasta el sarampión.

    Como no todas las personas han estado expuestas a lo largo de su vida frente a los mismos patógenos, cada sistema inmunitario es único y diferente al de los demás. Aquellos organismos que han logrado rechazar más tipos de infecciones distintas tendrán mayor inmunidad a varias enfermedades. Por ello, los niños son más propensos a enfermar que los mayores, puesto que necesitan que su sistema inmunológico vaya reconociendo los distintos tipos de antígenos a los que se puede enfrentar.

    Sin embargo, como cualquier otra parte de nuestro cuerpo, el sistema inmunológico puede dañarse o incluso sufrir anomalías innatas, conocidas como inmunodeficiencias primarias (producción insuficiente de anticuerpos, ausencia de linfocitos, ausencia de la glándula del timo, etc.).

    Otro tipo de trastorno al que está expuesto el sistema inmunitario son las alergias, que se producen cuando la reacción defensiva frente a los antígenos, en este caso alérgenos, es exagerada y más perjudicial que la propia amenaza externa (asma, eczemas, etc.).

    A estas dos deficiencias hay que añadir los problemas autoinmunitarios, que son el resultado del ataque erróneo por parte del sistema inmunológico a distintos tejidos sanos del organismo, así como los problemas cancerígenos como la leucemia, que aparece cuando los leucocitos sufren un crecimiento anormal.

    Junto a esta serie de anomalías aparecen las inmunodeficiencias adquiridas, de las que sí tenemos mayor capacidad de control. Este tipo de deficiencias aparecen tras padecer enfermedades como el virus VIH o por la consecución de malos hábitos. Por esto último, está en nuestra mano la responsabilidad de mantener en un estado óptimo nuestro sistema inmunológico mediante un buen estilo de vida.

    Cómo reforzar el sistema inmunológico

    Infografía sobre cómo fortalecer el sistema inmunológico

    Para fortalecer el sistema inmunitario la mejor opción es seguir un plan integrativo de salud como el que nos presentó el biólogo valenciano, Juan Serrano. Son muchos los factores del día a día que pueden repercutir a nuestra defensa inmunológica, como describe la científica Montse Vilaplana i Batalla.

    Cuidar la alimentación

    Desde la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) informan que el sistema inmunológico necesita de una dieta rica en vitaminas, minerales y fibras. Según FESNAD, los productos de nuestra dieta deben ser de origen natural en su mayoría (evitar los ultraprocesados y las grasas saturadas) y llegan a hablar de inmunonutrición.

    Los alimentos incluidos en la inmunonutrición son aquellos que nos aportan antioxidantes o vitamina C, como las verduras, las hortalizas y la fruta, además de los productos derivados de la leche, que facilitan la absorción del calcio y la vitamina D, ambos con un papel importante en las respuestas inmunitarias.

    Si no somos capaces de tomar todos los minerales y las vitaminas necesarias mediante nuestra dieta, siempre podemos recurrir a los complementos alimenticios tras realizar una consulta dietética. A su vez, es recomendable no saltarse ninguna de las tres comidas diarias y establecerlas en un horario fijo, además de mantenerse bien hidratados.

    Bienestar psicológico

    Las emociones negativas reflejadas en situaciones de estrés, ansiedad o angustia pueden llegar a inhibir el sistema inmunitario, como así demuestran los estudios en psiconeuroinmunología. Por ello, es bueno recurrir tanto a técnicas de masajes como a realizar actividades como la meditación, el yoga, el Tai chi o los baños de bosque, que tienen la capacidad de relajarnos, producir endorfinas (las cuales potencian las defensas naturales) y nos permiten tomar el control de nuestra mente.

    Evitar el sedentarismo

    Una actividad física diaria, mediante ejercicios moderados de movilidad articular, mejora la circulación de la sangre, hecho crucial para el óptimo funcionamiento del sistema inmunológico, y reduce nuestro estrés mental, generando endorfinas. Al realizar ejercicio cada día también se combate la obesidad, que podría derivar en enfermedades cardiovasculares, las cuales disminuyen las funciones inmunológicas.

    Un descanso adecuado

    Al igual que sucede con el sedentarismo, no dormir bien conlleva consecuencias negativas, tanto físicas como emocionales, que reducen la actividad inmunitaria de nuestro cuerpo. Es importante cuidar la higiene del sueño para dotar al sistema inmunológico del tiempo que necesita para regenerarse por completo.

    Emplear remedios naturales a base de plantas

    Los productos de herbolario pueden ser una buena medida para reforzar carencias de nuestro sistema inmunológico.

    Si tienes dudas sobre si tu estilo de vida se ajusta a estas recomendaciones, puedes consultar con un naturópata, puesto que en la naturopatía se cuidan todas las esferas que afectan al bienestar de nuestro cuerpo y la prevención de enfermedades. Los profesionales que la ejercen conocen multitud de tratamientos con los que atenderte.

    Directo a lo natural

    Equipo de redacción

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